Cuando se despertó se encontraba fatal, le dolía la cabeza, el estómago y se sentía mareada. ¿Dónde estaba? Miró alrededor, lo primero que vio fue el dosel de la cama donde estaba recostada, de color azul real y con decoraciones en dorado. Y empezó a recordar, ¡los vampiros! Se levantó, llevaba un camisón, no recordaba cuándo se lo había puesto. Casi se cayó al suelo, le temblaban las piernas, pero no podía flaquear ahora, estaba sola, podía escapar. Corrió de estancia en estancia, cada vez más despistada, hasta que encontró una puerta, al abrir vio un pasillo, un largo ventanal con dibujos de dragones se alargaba hasta el final. Por las ventanas pasaba la luz del sol, era de día, esos demonios dormían y podría volver a su casa. Iba a seguir corriendo, cuando unas manos la agarraron y tiraron de ella de nuevo a la habitación sin ventanas.
- ¿Estás loca? Si sales por ahí a estas horas, te quemarás. - La detuvo un vampiro joven, pero ya con las garras como las de su hacedor.
- ¿De qué me hablas? - Le hizo apartar las manos con brusquedad.
Al ver su insistencia se la cargó al hombro.
- ¡Suéltame! ¡Que me sueltes te digo! - Pataleó y gritó.
- Vas a despertar a toda la casa, cállate.
Unas puertas enormes se abrieron y dos mujeres desnudas se asomaron.
- ¿Qué pasa, y ese griterío? Vorador está dormido.
- La nueva, que quiere salir de día.
- Niña, no seas tonta, te convertirías en cenizas antes de que notaras el calor del sol en tu piel.
- ¡Eso es absurdo, yo no soy uno de ustedes!
Los tres se rieron.
- Claro que lo eres. Padre te hizo hace dos noches. - La puso en el suelo, pero sujetándola de un brazo, para que no saliera corriendo.
- ¡Mientes! - Le pateó en un costado y salió corriendo hacia la otra dirección.
- Hael, por favor, ¿te importaría echarle un ojo? Vorador tiene especial interés en ella, procura que no se mate.
- Espero que con ello no me mate a mí, qué fuerza tiene... - Se frotó el lugar del golpe y suspiró. - Voy... - Que tuviera que hacer de niñera...
Addrae corrió por la casa y se escondió en un cuarto vacío, Se sentó en una esquina y apoyó la cabeza en los brazos.
- No puedo ser una de ellos. No puede ser... ¿Por qué me pasan estas cosas? Yo sólo quería ser normal... - Se echó a llorar, sorprendiéndose, para mal, que las mangas del camisón se manchaban con la sangre que le caía de los ojos. El descubrimiento la hizo llorar aún más enfadada.
- Si sigues llorando, te desangrarás. - Dijo la voz de Hael, desde la puerta del cuarto a oscuras, sus ojos dorados brillaban en la oscuridad.
- Prefiero morir a ser un monstruo.
Se acuclilló delante de ella, mirándola como si realmente fuera su hermana pequeña, enrabietada y haciendo pucheros.
- No te lo tomes así, al principio cuesta un poco aceptarlo, pero ya verás como con el tiempo te gusta.
Lo miró con desdén y frunció sus inexistentes cejas.
- ¡No quiero que me guste! No tenía suficiente con ser una maldita... ahora soy una maldita y una vampira... - Se encogió un poco más.
- ¿Una maldita? ¿Por qué? - Se sentó a su lado, al menos estaba calmada y no parecía que fuera a pegarle otra vez o a salir corriendo.
- No tengo pelo... y soy demasiado alta y fuerte... porque mis padres son de diferentes razas.
- No tener pelo no es algo malo... yo creo que no te queda mal ser calva, tu cabeza es bonita. Y lo de alta y fuerte, creo que está bien, así puedes defenderte mejor, si fueras pequeña y delicada como las otras mujeres, serías presa fácil de los cazadores.
- ¿No crees que sea horrible por ser calva y tener cuerpo de hombre?
- ¿Cuerpo de hombre? ¿Quién te ha dicho semejante estupidez?
- Los de mi pueblo.
- ¿Vives en un pueblo de ciegos? ¡Pero si tienes más pecho y más caderas que cualquiera de las esposas de Vorador! - Se echó a reír. - Mírate, te pareces a un hombre, lo que yo a una mujer.
No quería reírse por la contestación, pero se rió, tapándose la boca con la mano.
- Mis padres estarán preocupados por mí. - Dijo cuando se calmaron los dos. - Eran los únicos que me querían.
- Puedes preguntarle a Vorador si te deja ir a despedirte, pero no creo que te vaya a dar permiso. - Su voz bajó hasta silenciarse al verla cerrar los ojos. - Ya te dije que te desangrarías si llorabas... - Se levantó y la cogió en brazos, llevándosela de nuevo a la estancia donde la dejaron dormida la otra vez.
- ¿Ya se ha calmado? - Preguntó una de las dos esposas que antes salieron a ver el revuelo; ahora con una suave túnica semitransparente que mostraba más que escondía.
- Lloró y se desmayó. Voy a buscarle sangre, ¿la cuidas un momento?
- Claro. - Se sentó en la cama cuando Hael la dejó acostada. - Si recién nacida tienes esa energía... ¿cómo serás con el estómago lleno? - Le acarició la cabeza con mimo. - Y mejor te quito esto... mira que ensuciar un camisón tan bonito, de sangre... - Empezó a desatarle las cuerdecitas que ataban las muñecas y el cuello del camisón, para quitárselo. Se levantó un momento y fue a un armario a sacar otra prenda, por ahora de su talla no había gran cosa, ya le procurarían algo más decente en el futuro.
Hael volvió con dos cuencos.
- ¿Dos?
- Uno para ella y otro para ti, Tatjana. Siempre te levantas hambrienta tras dormir con Vorador. - Le pasó uno de los recipientes, con una sonrisita.
- Qué atento. - Era obvio que había algo entre ellos, pero dado que ella era esposa del líder del clan, no llegaban a más que unas miradas traviesas de vez en cuando. Además, Hael era demasiado leal a Vorador como para seducir a una de sus esposas.
El joven la ayudó a cambiar a su nueva hermana y se quedó vigilándola cuando la mujer se fue, deslizándose dentro de la suave tela de la túnica. Hael la miró según se iba y luego miró a la durmiente. Le dio la sangre, hasta inconscientemente, el hambre le hizo beber el líquido vital.
- Como no controles tu carácter, lo vas a tener crudo con nuestro padre. - Dijo aún sabiendo que no le oía.
*
Y tanto que lo tuvo. Vorador estaba delante cuando se despertó otra vez.
- ¿Qué tal has dormido, hija? - Su rostro fue lo primero que vio al abrir los ojos. La chica intentó alejarse y acabó cayéndose por el otro lado de la cama.
- ¡Aléjate de mí! - Gritó, antes de tirarle un cojín que había caído con ella.
Vorador pareció encontrar cómico el ataque y casi ni se movió, siguiendo con la vista el cojín hasta que llegó al suelo.
- Sal de ahí, tienes que alimentarte, con lo que te ha dado tu hermano no durarás mucho.
- ¡No es mi hermano! ¡Y no pienso beber sangre!
- Es terca como una mula. - Dijo una vampiresa algo más atrás. Uno que estaba a su lado se rió.
Con un movimiento, sin tocar la cama, la hizo mover a un lado, las patas arrastrándose por el suelo hicieron un sonido incómodo. Addrae estaba con la espalda pegada a la pared, y mirándole con desafío.
- ¡No te acerques, te lo advierto!
No necesitó hacerlo, la hizo levantarse de la misma manera que había movido la cama; la atrajo hacia sí, sus ojos quedaban casi a la misma altura, detalle que le pareció de lo más curioso ahora que se fijaba, sólo le pasaba eso con sus hijos varones.
- Debes de estar hambrienta.
Lo estaba, y mucho, sentía cómo se le iba la cabeza, le costaba respirar e incluso podía notar cómo el corazón le latía más despacio.
Uno de los vampiros de detrás le dio otro cuenco con sangre y él se lo ofreció, poniéndoselo al alcance.
- Bebe.
Estuvo a punto de cogerlo, titubeó, pero pronto volvió en sí y le dio un manotazo, derramando la sangre por el suelo y rompiendo el envase.
- Jamás. - Lo miró con desafío, frunciendo cejas y labios.
Algunos de los hijos y esposas de Vorador contuvieron la respiración. O era muy valiente, o una completa inconsciente. La mayoría apostaba por lo segundo, no sabía con quién se estaba enfrentando.
- No quiero que mueras. Y si tengo que obligarte a comer, lo haré. - Dijo con un tono mucho menos amable. La agarró de la cara, por la mandíbula y clavándole las garras en los carrillos la obligó a abrir la boca. Alargó la mano libre, y le pasaron otro cuenco, sin más ceremonias lo vació por la garganta de la mulata y le cerró la boca para que no se lo escupiera, que le veía las intenciones. La chica tosió, pero no lo escupió. - En un momento te sentirás mejor.
Era cierto, podía incluso sentir cómo el calor le subía a las mejillas y los pequeños cortes que le había hecho el vampiro con las garras, se cerraban sin dejar rastro.
- Sígueme. - Le dio la espalda y empezó a caminar, sus creaciones les dejaron paso. Se paró un momento, mirándola por encima del hombro al ver que no obedecía. Suspiró, iba a ser difícil. De nuevo usó la telekinesia para atraerla hacia sí. - Si te ordeno algo, espero que lo hagas. No es mi intención hacerte daño, pero si me obligas, no tendré ningún problema con castigarte.
Addrae asintió, pero más por entenderle que por ir a hacer lo que decía. Caminó detrás de él.
- Esta es ahora tu casa. Puedes ir a donde quieras, pero de día debes tener cuidado con los pasillos, todos tienen ventanales que dan al exterior y el sol te mataría. Hay varias bibliotecas, si te aburres te aconsejo que leas.
- No sé.
- ¿No sabes leer?
- Mis padres eran carniceros y el pueblo me odiaba, no pude ir al colegio ni ellos darme una educación. - Contestó seria, mirándole directamente a los ojos.
- Te enseñaré, la ignorancia no es una bendición en lo que a mí respecta; el conocimiento es poder.
Bueno, eso le gustaba un poco más.
- Hasta que puedas cazar por tu cuenta, tus hermanos y yo mismo te alimentaremos. - Continuó. - No puedes salir de la mansión en ningún momento, hasta que yo te lo permita. Tus hermanos están avisados, pero por si acaso, no dejes que ninguno te ponga la mano encima, ya me entiendes.
Hizo un gesto con la boca, ¿eso quería decir que iba a guardarla para sí? ¿Su primera vez sería con él? No sabía cómo tomárselo, pero por lo pronto no dejaría que ni él ni ningún otro la tocase, si quería algo de ella, le iba a costar cogerlo.
- Te enseñaremos a luchar y con el tiempo te daré tu propia arma.
Eso le gustaba aún más.
- Me llamarás, "padre" o "señor".
- Ya tuve un padre. - Dijo con tono desafiante.
- Entonces ya sabes cómo llamarme. - Contestó con sequedad, levantando una ceja.
- Sí, señor. - Contestó sarcásticamente.
Iba a ser realmente difícil de domar. Menudo carácter, pero bueno, los retos le podían. La guió por la casa, mostrándole todo el lugar, aprovechando que era de noche y no había luz que pudiera herirla.
- Procura estar en la zona sin ventanas antes de que empiece a amanecer. - Le recordó. - Si llueve, sea de día o de noche, no te aconsejo que te acerques a las ventanas, puede haber alguna que se haya dejado abierta en un descuido. Como deberías saber, el agua es mortal para nosotros.
- Sí, lo sabía. - Miró uno de los dragones de los ventanales, estaban por todas partes, incluída la chaqueta del vampiro, debía ser su escudo de armas o algo así.
- Pronto tendrás algo de vestir y te daré una tarea para que estés entretenida y tengas una responsabilidad. - Aunque no se quejaba de la vista, no tenía pensado convertirla en esposa, así que mejor mirarla con ojos de padre.
Asintió de nuevo con la cabeza, mejor, no quería estar en camisón lo que le restara de vida.
- Y te aconsejo que comas regularmente, o te debilitarás demasiado cuando vayas a dormir.
Si por ella fuera no probaría bocado, sería una buena forma de salir de aquella maldición de chupacuellos. Qué buen plan.
- Sé que no lo harás, de modo que Hael supervisará tu alimentación si yo no estoy presente. - Le veía las intenciones. Por suerte, Hael era muy responsable y siempre se encargaba bien de los nuevos.
- ¿Y si me niego?
- Tiene mi permiso para obligarte a comer. - La miró de reojo, severamente, ella puso una cara.
Siguieron el paseo, llegaron delante de una puerta extraña, custodiada por dos estátuas de ángeles en túnicas, armados con unas enormes espadas. De hecho, había murales con ángeles por todas partes. Sí que le gustaban. Aunque eran unos ángeles muy extraños, azules y guerreros y tenían garras, como los vampiros. Llegaron a una sala central, presidida por una enorme cristalera con otro ángel, este con una lanza y el cabello muy largo.
- Aquí da más fuerte el sol cuando amanece, así que no te acerques a esas horas. Yo voy a salir ahora, tus hermanos y tus madres se encargarán de ti, procura portarte bien. - Siguió caminando, yéndose por uno de los dos pasillos que parecían dar a la salida.
Gruñó un poco, podría salir por alguno de los ventanales, no sería difícil trepar por la fachada y salir de aquella infernal casa de monstruos. Subió por las escaleras para volver donde estaban los ventanales y se encontró a Hael justo delante de la puerta que eligió.
- ¿Cómo has..?
- Eres cristalina, hermana. - Se cruzó de brazos.
- ¡No soy tu hermana! ¡Y quiero irme a mi casa! - Iba a golpearle, pero el joven vampiro le sujetó las manos.
- Qué fuerza. Mira, no puedes irte. Si tanto quieres a tus padres, no irás a verlos, te darán hambre y los matarás, ¿no lo entiendes?
Lo miró confusamente, ¿los mataría? ¡No!
- ¡Yo jamás haría eso!
- Ahora tienes sed de sangre. ¡Entiéndelo! Los vivos ahora son nuestro alimento.
- ¡Me niego! - Le dio un empujó, derribándolo y salió corriendo pasillo adentro. Llegó delante de una de las ventanas y la abrió.
- Cabezota... - Hael se levantó y fue tras ella, era demasiado joven para poder aguantar una caída así, sus heridas no curarían lo suficiente y si caía en una de las fuentes, menos aún. La agarró por el cuello y la lanzó contra la pared frente a la ventana. - Nuestro padre me ha encomendado tu seguridad, y por Audron que pienso cumplir mi cometido. Quieras tú o no.
Le enseñó los dientes y se lanzó contra él, que la sujetó de nuevo por las muñecas.
- No me obligues a hacerte daño.
- Yo te haré daño a ti, si no me dejas marchar. - Forcejearon un poco, otros de los habitantes de la mansión miraron lo que pasaba con esos dos. Algunos hasta hicieron apuestas.
- La nueva tiene potencial.
- Pero Hael es mayor.
- Ella tiene instinto.
- Él está entrenado.
Lucharon, rompieron un par de mesas, Addrae hasta usó una de las patas rotas para atacar a su contrincante.
- Esto se pone interesante. - Una de esposas más recientes de Vorador, miraba encantada la pelea.
Hael rompió la madera de un golpe, pero casi acabó con uno de los extremos astillados clavados en un ojo, de no ser por sus rápidos reflejos.
- ¡Es una fiera!
- Hay que separarlos o se harán daño. - Comentó otra, asustada al verlos peleando con tanta intensidad.
- Déjalos, así la nueva se cansará y estaremos más tranquilos.
- Padre no querría que se pelearan. - Uno de los mayores se acercó a agarrar a Addrae por detrás y se llevó una patada en plena entrepierna. Se dobló del dolor. Alguno más de los chicos presentes sintieron también el golpe al ver sufrir a su hermano.
Al haberse distraído por la intervención, Hael pudo echársele encima e inmovilizarla.
- ¡Cálmate!
La chica gruñó y trató de hacer fuerza, pero estaba cansada para seguir.
- Tú ganas... por esta vez... - Resopló.
Se levantó y le tendió una mano, que ella rechazó, levantándose por su propio pie.
- Anda, ven a que te encontremos algo que vestir. - Las esposas la rodearon, para su incomodidad y la hicieron entrar en uno de los cuartos con chimenea.
- ¿Qué le podemos poner?
- Algo que muestre esas preciosas curvas.
- Pero no demasiado, no queremos que Vorador se piense lo de que que sea una hija y no una de nosotras. - Se rieron, a Addrae no le hizo gracia. Se dejó quitar el camisón, poco podía hacer para evitarlo, esas mujeres eran más fuertes de lo que parecían. Se tapó con las manos, incómoda.
Buscaron entre la ropa que tenían, alguna era de las cazadoras que había traído Vorador en alguna ocasión para unirlas a sus - a veces sádicos- juegos sexuales.
- ¿Y esta? Le quedará bien y cubre lo necesario. - Una de ellas sacó un conjunto de cuero, abierto por algunas zonas, donde normalmente iba una pieza de ropa como base.
- Sí, es tan bonito, con ese cristal en el pecho. Pruébatelo, querida.
La recién nacida vampiresa miró la ropa con asco, era tan abierto... Pero se lo puso, con tal de no estar desnuda. Le quedaba ajustadísimo. Las mujeres amarraron todos los cinturones, tuvieron que soltar algunos un poco, por la envergadura del cuerpo de su nueva hija. Pronto estuvo adaptado a cada curva.
- Ahora sí estás presentable.
- Toma estas botas. - Eran a piezas, como las de las armaduras. Le tendieron una especie de medias anchas para que las entrara antes, así no harían roce con su piel. Pronto estuvo también calzada, eran cómodas y se adaptaban bien a sus gemelos. - ¿Mejor?
- Sí, gracias.
- A Vorador le va a encantar tu nuevo aspecto.
Eso le daba igual, el caso es que ahora si se escapaba no lo haría en camisón y descalza.
Se pusieron a charlar, sobre sexo, sobretodo, tema que a ella no le resultaba cómodo de oír, así que se marchó del cuarto, dejándolas con su conversación. En la puerta estaba Hael.
- ¿No tienes nada mejor que hacer que seguirme?
- Sí, muchas otras cosas, que preferiría hacer antes que estar tras de ti toda la noche, pero me aguanto.
- Por mí vete a hacerlas, no te lo impido.
- No voy a dejarte sola para que te acabes lanzando por una ventana. Además, deberías comer algo más tras la pelea de antes.
- No te las des tanto, no me hiciste daño.
- Porque no quise.
- Sí, ya, claro.
- ¿En algún momento bajas la defensa? Sólo intento ayudarte.
- No quiero que me ayudes, sólo quiero irme o morirme o lo que sea, antes que estar aquí y ser un vampiro.
- Oh, vamos, no es tan malo como lo pintan.
- Matar a gente para comérsela es de ensueño, ¿no te digo?
- Sólo matamos lo necesario para vivir.
- Pues muéranse y dejen al mundo en paz. - Se fue por el pasillo hacia la biblioteca por donde había pasado con Vorador. Hael fue detrás.
...Continuará
- ¿Estás loca? Si sales por ahí a estas horas, te quemarás. - La detuvo un vampiro joven, pero ya con las garras como las de su hacedor.
- ¿De qué me hablas? - Le hizo apartar las manos con brusquedad.
Al ver su insistencia se la cargó al hombro.
- ¡Suéltame! ¡Que me sueltes te digo! - Pataleó y gritó.
- Vas a despertar a toda la casa, cállate.
Unas puertas enormes se abrieron y dos mujeres desnudas se asomaron.
- ¿Qué pasa, y ese griterío? Vorador está dormido.
- La nueva, que quiere salir de día.
- Niña, no seas tonta, te convertirías en cenizas antes de que notaras el calor del sol en tu piel.
- ¡Eso es absurdo, yo no soy uno de ustedes!
Los tres se rieron.
- Claro que lo eres. Padre te hizo hace dos noches. - La puso en el suelo, pero sujetándola de un brazo, para que no saliera corriendo.
- ¡Mientes! - Le pateó en un costado y salió corriendo hacia la otra dirección.
- Hael, por favor, ¿te importaría echarle un ojo? Vorador tiene especial interés en ella, procura que no se mate.
- Espero que con ello no me mate a mí, qué fuerza tiene... - Se frotó el lugar del golpe y suspiró. - Voy... - Que tuviera que hacer de niñera...
Addrae corrió por la casa y se escondió en un cuarto vacío, Se sentó en una esquina y apoyó la cabeza en los brazos.
- No puedo ser una de ellos. No puede ser... ¿Por qué me pasan estas cosas? Yo sólo quería ser normal... - Se echó a llorar, sorprendiéndose, para mal, que las mangas del camisón se manchaban con la sangre que le caía de los ojos. El descubrimiento la hizo llorar aún más enfadada.
- Si sigues llorando, te desangrarás. - Dijo la voz de Hael, desde la puerta del cuarto a oscuras, sus ojos dorados brillaban en la oscuridad.
- Prefiero morir a ser un monstruo.
Se acuclilló delante de ella, mirándola como si realmente fuera su hermana pequeña, enrabietada y haciendo pucheros.
- No te lo tomes así, al principio cuesta un poco aceptarlo, pero ya verás como con el tiempo te gusta.
Lo miró con desdén y frunció sus inexistentes cejas.
- ¡No quiero que me guste! No tenía suficiente con ser una maldita... ahora soy una maldita y una vampira... - Se encogió un poco más.
- ¿Una maldita? ¿Por qué? - Se sentó a su lado, al menos estaba calmada y no parecía que fuera a pegarle otra vez o a salir corriendo.
- No tengo pelo... y soy demasiado alta y fuerte... porque mis padres son de diferentes razas.
- No tener pelo no es algo malo... yo creo que no te queda mal ser calva, tu cabeza es bonita. Y lo de alta y fuerte, creo que está bien, así puedes defenderte mejor, si fueras pequeña y delicada como las otras mujeres, serías presa fácil de los cazadores.
- ¿No crees que sea horrible por ser calva y tener cuerpo de hombre?
- ¿Cuerpo de hombre? ¿Quién te ha dicho semejante estupidez?
- Los de mi pueblo.
- ¿Vives en un pueblo de ciegos? ¡Pero si tienes más pecho y más caderas que cualquiera de las esposas de Vorador! - Se echó a reír. - Mírate, te pareces a un hombre, lo que yo a una mujer.
No quería reírse por la contestación, pero se rió, tapándose la boca con la mano.
- Mis padres estarán preocupados por mí. - Dijo cuando se calmaron los dos. - Eran los únicos que me querían.
- Puedes preguntarle a Vorador si te deja ir a despedirte, pero no creo que te vaya a dar permiso. - Su voz bajó hasta silenciarse al verla cerrar los ojos. - Ya te dije que te desangrarías si llorabas... - Se levantó y la cogió en brazos, llevándosela de nuevo a la estancia donde la dejaron dormida la otra vez.
- ¿Ya se ha calmado? - Preguntó una de las dos esposas que antes salieron a ver el revuelo; ahora con una suave túnica semitransparente que mostraba más que escondía.
- Lloró y se desmayó. Voy a buscarle sangre, ¿la cuidas un momento?
- Claro. - Se sentó en la cama cuando Hael la dejó acostada. - Si recién nacida tienes esa energía... ¿cómo serás con el estómago lleno? - Le acarició la cabeza con mimo. - Y mejor te quito esto... mira que ensuciar un camisón tan bonito, de sangre... - Empezó a desatarle las cuerdecitas que ataban las muñecas y el cuello del camisón, para quitárselo. Se levantó un momento y fue a un armario a sacar otra prenda, por ahora de su talla no había gran cosa, ya le procurarían algo más decente en el futuro.
Hael volvió con dos cuencos.
- ¿Dos?
- Uno para ella y otro para ti, Tatjana. Siempre te levantas hambrienta tras dormir con Vorador. - Le pasó uno de los recipientes, con una sonrisita.
- Qué atento. - Era obvio que había algo entre ellos, pero dado que ella era esposa del líder del clan, no llegaban a más que unas miradas traviesas de vez en cuando. Además, Hael era demasiado leal a Vorador como para seducir a una de sus esposas.
El joven la ayudó a cambiar a su nueva hermana y se quedó vigilándola cuando la mujer se fue, deslizándose dentro de la suave tela de la túnica. Hael la miró según se iba y luego miró a la durmiente. Le dio la sangre, hasta inconscientemente, el hambre le hizo beber el líquido vital.
- Como no controles tu carácter, lo vas a tener crudo con nuestro padre. - Dijo aún sabiendo que no le oía.
*
Y tanto que lo tuvo. Vorador estaba delante cuando se despertó otra vez.
- ¿Qué tal has dormido, hija? - Su rostro fue lo primero que vio al abrir los ojos. La chica intentó alejarse y acabó cayéndose por el otro lado de la cama.
- ¡Aléjate de mí! - Gritó, antes de tirarle un cojín que había caído con ella.
Vorador pareció encontrar cómico el ataque y casi ni se movió, siguiendo con la vista el cojín hasta que llegó al suelo.
- Sal de ahí, tienes que alimentarte, con lo que te ha dado tu hermano no durarás mucho.
- ¡No es mi hermano! ¡Y no pienso beber sangre!
- Es terca como una mula. - Dijo una vampiresa algo más atrás. Uno que estaba a su lado se rió.
Con un movimiento, sin tocar la cama, la hizo mover a un lado, las patas arrastrándose por el suelo hicieron un sonido incómodo. Addrae estaba con la espalda pegada a la pared, y mirándole con desafío.
- ¡No te acerques, te lo advierto!
No necesitó hacerlo, la hizo levantarse de la misma manera que había movido la cama; la atrajo hacia sí, sus ojos quedaban casi a la misma altura, detalle que le pareció de lo más curioso ahora que se fijaba, sólo le pasaba eso con sus hijos varones.
- Debes de estar hambrienta.
Lo estaba, y mucho, sentía cómo se le iba la cabeza, le costaba respirar e incluso podía notar cómo el corazón le latía más despacio.
Uno de los vampiros de detrás le dio otro cuenco con sangre y él se lo ofreció, poniéndoselo al alcance.
- Bebe.
Estuvo a punto de cogerlo, titubeó, pero pronto volvió en sí y le dio un manotazo, derramando la sangre por el suelo y rompiendo el envase.
- Jamás. - Lo miró con desafío, frunciendo cejas y labios.
Algunos de los hijos y esposas de Vorador contuvieron la respiración. O era muy valiente, o una completa inconsciente. La mayoría apostaba por lo segundo, no sabía con quién se estaba enfrentando.
- No quiero que mueras. Y si tengo que obligarte a comer, lo haré. - Dijo con un tono mucho menos amable. La agarró de la cara, por la mandíbula y clavándole las garras en los carrillos la obligó a abrir la boca. Alargó la mano libre, y le pasaron otro cuenco, sin más ceremonias lo vació por la garganta de la mulata y le cerró la boca para que no se lo escupiera, que le veía las intenciones. La chica tosió, pero no lo escupió. - En un momento te sentirás mejor.
Era cierto, podía incluso sentir cómo el calor le subía a las mejillas y los pequeños cortes que le había hecho el vampiro con las garras, se cerraban sin dejar rastro.
- Sígueme. - Le dio la espalda y empezó a caminar, sus creaciones les dejaron paso. Se paró un momento, mirándola por encima del hombro al ver que no obedecía. Suspiró, iba a ser difícil. De nuevo usó la telekinesia para atraerla hacia sí. - Si te ordeno algo, espero que lo hagas. No es mi intención hacerte daño, pero si me obligas, no tendré ningún problema con castigarte.
Addrae asintió, pero más por entenderle que por ir a hacer lo que decía. Caminó detrás de él.
- Esta es ahora tu casa. Puedes ir a donde quieras, pero de día debes tener cuidado con los pasillos, todos tienen ventanales que dan al exterior y el sol te mataría. Hay varias bibliotecas, si te aburres te aconsejo que leas.
- No sé.
- ¿No sabes leer?
- Mis padres eran carniceros y el pueblo me odiaba, no pude ir al colegio ni ellos darme una educación. - Contestó seria, mirándole directamente a los ojos.
- Te enseñaré, la ignorancia no es una bendición en lo que a mí respecta; el conocimiento es poder.
Bueno, eso le gustaba un poco más.
- Hasta que puedas cazar por tu cuenta, tus hermanos y yo mismo te alimentaremos. - Continuó. - No puedes salir de la mansión en ningún momento, hasta que yo te lo permita. Tus hermanos están avisados, pero por si acaso, no dejes que ninguno te ponga la mano encima, ya me entiendes.
Hizo un gesto con la boca, ¿eso quería decir que iba a guardarla para sí? ¿Su primera vez sería con él? No sabía cómo tomárselo, pero por lo pronto no dejaría que ni él ni ningún otro la tocase, si quería algo de ella, le iba a costar cogerlo.
- Te enseñaremos a luchar y con el tiempo te daré tu propia arma.
Eso le gustaba aún más.
- Me llamarás, "padre" o "señor".
- Ya tuve un padre. - Dijo con tono desafiante.
- Entonces ya sabes cómo llamarme. - Contestó con sequedad, levantando una ceja.
- Sí, señor. - Contestó sarcásticamente.
Iba a ser realmente difícil de domar. Menudo carácter, pero bueno, los retos le podían. La guió por la casa, mostrándole todo el lugar, aprovechando que era de noche y no había luz que pudiera herirla.
- Procura estar en la zona sin ventanas antes de que empiece a amanecer. - Le recordó. - Si llueve, sea de día o de noche, no te aconsejo que te acerques a las ventanas, puede haber alguna que se haya dejado abierta en un descuido. Como deberías saber, el agua es mortal para nosotros.
- Sí, lo sabía. - Miró uno de los dragones de los ventanales, estaban por todas partes, incluída la chaqueta del vampiro, debía ser su escudo de armas o algo así.
- Pronto tendrás algo de vestir y te daré una tarea para que estés entretenida y tengas una responsabilidad. - Aunque no se quejaba de la vista, no tenía pensado convertirla en esposa, así que mejor mirarla con ojos de padre.
Asintió de nuevo con la cabeza, mejor, no quería estar en camisón lo que le restara de vida.
- Y te aconsejo que comas regularmente, o te debilitarás demasiado cuando vayas a dormir.
Si por ella fuera no probaría bocado, sería una buena forma de salir de aquella maldición de chupacuellos. Qué buen plan.
- Sé que no lo harás, de modo que Hael supervisará tu alimentación si yo no estoy presente. - Le veía las intenciones. Por suerte, Hael era muy responsable y siempre se encargaba bien de los nuevos.
- ¿Y si me niego?
- Tiene mi permiso para obligarte a comer. - La miró de reojo, severamente, ella puso una cara.
Siguieron el paseo, llegaron delante de una puerta extraña, custodiada por dos estátuas de ángeles en túnicas, armados con unas enormes espadas. De hecho, había murales con ángeles por todas partes. Sí que le gustaban. Aunque eran unos ángeles muy extraños, azules y guerreros y tenían garras, como los vampiros. Llegaron a una sala central, presidida por una enorme cristalera con otro ángel, este con una lanza y el cabello muy largo.
- Aquí da más fuerte el sol cuando amanece, así que no te acerques a esas horas. Yo voy a salir ahora, tus hermanos y tus madres se encargarán de ti, procura portarte bien. - Siguió caminando, yéndose por uno de los dos pasillos que parecían dar a la salida.
Gruñó un poco, podría salir por alguno de los ventanales, no sería difícil trepar por la fachada y salir de aquella infernal casa de monstruos. Subió por las escaleras para volver donde estaban los ventanales y se encontró a Hael justo delante de la puerta que eligió.
- ¿Cómo has..?
- Eres cristalina, hermana. - Se cruzó de brazos.
- ¡No soy tu hermana! ¡Y quiero irme a mi casa! - Iba a golpearle, pero el joven vampiro le sujetó las manos.
- Qué fuerza. Mira, no puedes irte. Si tanto quieres a tus padres, no irás a verlos, te darán hambre y los matarás, ¿no lo entiendes?
Lo miró confusamente, ¿los mataría? ¡No!
- ¡Yo jamás haría eso!
- Ahora tienes sed de sangre. ¡Entiéndelo! Los vivos ahora son nuestro alimento.
- ¡Me niego! - Le dio un empujó, derribándolo y salió corriendo pasillo adentro. Llegó delante de una de las ventanas y la abrió.
- Cabezota... - Hael se levantó y fue tras ella, era demasiado joven para poder aguantar una caída así, sus heridas no curarían lo suficiente y si caía en una de las fuentes, menos aún. La agarró por el cuello y la lanzó contra la pared frente a la ventana. - Nuestro padre me ha encomendado tu seguridad, y por Audron que pienso cumplir mi cometido. Quieras tú o no.
Le enseñó los dientes y se lanzó contra él, que la sujetó de nuevo por las muñecas.
- No me obligues a hacerte daño.
- Yo te haré daño a ti, si no me dejas marchar. - Forcejearon un poco, otros de los habitantes de la mansión miraron lo que pasaba con esos dos. Algunos hasta hicieron apuestas.
- La nueva tiene potencial.
- Pero Hael es mayor.
- Ella tiene instinto.
- Él está entrenado.
Lucharon, rompieron un par de mesas, Addrae hasta usó una de las patas rotas para atacar a su contrincante.
- Esto se pone interesante. - Una de esposas más recientes de Vorador, miraba encantada la pelea.
Hael rompió la madera de un golpe, pero casi acabó con uno de los extremos astillados clavados en un ojo, de no ser por sus rápidos reflejos.
- ¡Es una fiera!
- Hay que separarlos o se harán daño. - Comentó otra, asustada al verlos peleando con tanta intensidad.
- Déjalos, así la nueva se cansará y estaremos más tranquilos.
- Padre no querría que se pelearan. - Uno de los mayores se acercó a agarrar a Addrae por detrás y se llevó una patada en plena entrepierna. Se dobló del dolor. Alguno más de los chicos presentes sintieron también el golpe al ver sufrir a su hermano.
Al haberse distraído por la intervención, Hael pudo echársele encima e inmovilizarla.
- ¡Cálmate!
La chica gruñó y trató de hacer fuerza, pero estaba cansada para seguir.
- Tú ganas... por esta vez... - Resopló.
Se levantó y le tendió una mano, que ella rechazó, levantándose por su propio pie.
- Anda, ven a que te encontremos algo que vestir. - Las esposas la rodearon, para su incomodidad y la hicieron entrar en uno de los cuartos con chimenea.
- ¿Qué le podemos poner?
- Algo que muestre esas preciosas curvas.
- Pero no demasiado, no queremos que Vorador se piense lo de que que sea una hija y no una de nosotras. - Se rieron, a Addrae no le hizo gracia. Se dejó quitar el camisón, poco podía hacer para evitarlo, esas mujeres eran más fuertes de lo que parecían. Se tapó con las manos, incómoda.
Buscaron entre la ropa que tenían, alguna era de las cazadoras que había traído Vorador en alguna ocasión para unirlas a sus - a veces sádicos- juegos sexuales.
- ¿Y esta? Le quedará bien y cubre lo necesario. - Una de ellas sacó un conjunto de cuero, abierto por algunas zonas, donde normalmente iba una pieza de ropa como base.
- Sí, es tan bonito, con ese cristal en el pecho. Pruébatelo, querida.
La recién nacida vampiresa miró la ropa con asco, era tan abierto... Pero se lo puso, con tal de no estar desnuda. Le quedaba ajustadísimo. Las mujeres amarraron todos los cinturones, tuvieron que soltar algunos un poco, por la envergadura del cuerpo de su nueva hija. Pronto estuvo adaptado a cada curva.
- Ahora sí estás presentable.
- Toma estas botas. - Eran a piezas, como las de las armaduras. Le tendieron una especie de medias anchas para que las entrara antes, así no harían roce con su piel. Pronto estuvo también calzada, eran cómodas y se adaptaban bien a sus gemelos. - ¿Mejor?
- Sí, gracias.
- A Vorador le va a encantar tu nuevo aspecto.
Eso le daba igual, el caso es que ahora si se escapaba no lo haría en camisón y descalza.
Se pusieron a charlar, sobre sexo, sobretodo, tema que a ella no le resultaba cómodo de oír, así que se marchó del cuarto, dejándolas con su conversación. En la puerta estaba Hael.
- ¿No tienes nada mejor que hacer que seguirme?
- Sí, muchas otras cosas, que preferiría hacer antes que estar tras de ti toda la noche, pero me aguanto.
- Por mí vete a hacerlas, no te lo impido.
- No voy a dejarte sola para que te acabes lanzando por una ventana. Además, deberías comer algo más tras la pelea de antes.
- No te las des tanto, no me hiciste daño.
- Porque no quise.
- Sí, ya, claro.
- ¿En algún momento bajas la defensa? Sólo intento ayudarte.
- No quiero que me ayudes, sólo quiero irme o morirme o lo que sea, antes que estar aquí y ser un vampiro.
- Oh, vamos, no es tan malo como lo pintan.
- Matar a gente para comérsela es de ensueño, ¿no te digo?
- Sólo matamos lo necesario para vivir.
- Pues muéranse y dejen al mundo en paz. - Se fue por el pasillo hacia la biblioteca por donde había pasado con Vorador. Hael fue detrás.
...Continuará