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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Audrey

 Nota de la autora: Ya que he subido la bio de Addrae, me pareció buena idea subir este pequeño relato sobre su vida anterior, Audrey, personaje para el universo de HB, que tras fallecer en el juego de rpg, se reencarnó en el mundo de Legacy of Kain, con la misma idea base de una chica poseída.

Audrey

Mucha gente me pregunta cómo es seguir viva después de que un cáncer me destrozara casi todo el cerebro, años atrás. Bueno, no es muy diferente a vivir con normalidad… si no tienes en cuenta el ser parasitario de mi cerebro, claro. Hola, Murray. En realidad mi vida ha sido bastante normal, al menos hasta antes de conocer a Murray, y después, simplemente se volvió más movida. Empezaré desde el principio.

Yo nací en Chicago, y la verdad es que fui feliz durante mi niñez, mis padres eran personas de temperamento agradable y amantes de las artes, tal vez por eso a mí siempre me gustó leer y hacer garabatos, tratando de imitar a los grandes pintores que tanto les gustaba. No lo conseguía, pero ellos me apoyaban igual, y hasta los ponían en la nevera; nada sube más la autoestima de un niño que cuando les ponen sus dibujos en la puerta del frigorífico. Al menos conmigo funcionaba.

Mis padres tenían una librería de ejemplares antiguos y raros, la mayor parte de los tomos eran referentes al ocultismo, folklore y demás, nunca leí ninguno, mis padres los tenían en vitrinas cerradas con llave, eran libros muy delicados y muy caros… pero ver aquellas encuadernaciones de cuero, con adornos en pan de oro, siempre me hacía soñar con las historias que tenían dentro. La tienda tenía poca clientela, por no decir prácticamente ninguna. Salvo por un hombre, que venía cada cierto tiempo, jamás le vi la cara, siempre iba con una grandes y redondas gafas de sol, un sombrero y una gabardina… y aquella barba que sólo podía ser postiza, el hombre se movía demasiado gracilmente para tener ya una barba blanca a lo Merlín el mago… Nunca me atreví a hablarle, pero siempre parecía muy educado con mi padre cuando entablaban conversación. Con el tiempo, dejé de ir tanto a la tienda y no lo vi más… ¿qué habría sido de él? Sí, estoy siendo sarcástica.

La vida me fue bastante bien, notas pasables, amigos varios, algún que otro novio… lo normal. Pero cuando terminé el instituto y empecé a trabajar… también empezaron mis problemas. Tras varios trabajos ocasionales, acabé de camarera en una cafetería cerca de mi casa. Ya hacía tiempo que sufría de fuertes dolores de cabeza, había mañanas que me levantaba con la visión tan nublada que me daba con los muebles de mi habitación. Estaba muy preocupada, pero pensé que podría deberse al stress, mis padres estaban teniendo algunos problemas con la tienda y yo les ayudaba a pagar las facturas, casi todo mi sueldo se iba en tapar agujeros. No fui al médico hasta que comenzaron los vómitos estando en el trabajo.

- ¿Que tengo un qué? – Exclamé al oír el veredicto del doctor.

- Un tumor en el cerebro… - Contestó con ese tipo de mirada de lástima que tanto detestaba.

- ¿Es operable? – Pregunté, llevándome las manos a la cabeza, el dolor estaba volviendo.

- Me temo que no… es de un tamaño considerable y está en un sitio peligroso.

- ¿Entonces simplemente me moriré? No va conmigo quedarme de brazos cruzados hasta que pase lo que tenga que pasar… ¡Mierda! – Cerré los ojos tan fuerte que pensé que los párpados se me montarían uno sobre el otro.

- ¡Enfermera! – Fue lo último que oí antes de desmayarme.

Un par de días pasaron en el hospital. Mis padres estaban sentados a mi lado, esperando a que despertara.

- El doctor nos ha dicho que con quimioterapia y radioterapia, el tumor podría reducirse… - Las ojeras de mi madre ya eran tan oscuras como sus grandes ojos, húmedos probablemente de llorar como una Magdalena al conocer la noticia del cáncer.

Suspiré, ellos esperaban que luchase, siempre luchaba si había una posibilidad de salir para delante… y a veces cuando no la había también.

- De acuerdo.

Mis padres venían todos los días a verme y a traerme cosas para leer mientras me encontraba en la cama, postrada viendo pasar el tiempo, viendo cómo el tratamiento sólo conseguía debilitarme, y hacerme perder el pelo. El cáncer seguía ahí y crecía, destruyendo cada vez más masa gris, los médicos no daban crédito; y yo ya no quería seguir luchando, dolía demasiado para lo escaso, si no, lo inútil de los intentos por recuperarme.

- No quiero seguir con el tratamiento. – Dije al médico que se encargaba de mi caso, el doctor Keeler. Un hombre de mediana edad con el pelo oscuro, pero canoso en algunas partes, como las patillas, siempre me hacía recordar al típico científico de película, con aquellas gafitas cuadradas y la bata blanca.

- Audrey, no te puedes rendir ahora… - Se acercó, poniendo una mano sobre mi hombro.

- No quiero sufrir más… quiero morir… déjeme morir… - Oí un sollozo que venía de la puerta, mi madre volvió con el café y acababa de oír lo que había dicho.

- Pero… - El doctor trató de insistir, no le dejé.

- No siento la mayor parte del cuerpo, y la que siento, me duele… Mamá… tú me entiendes… estoy cansada… sólo quiero dejar de sufrir…

Mi madre asintió con la cabeza, de nuevo llorando; y tras un par de horas de seguir discutiendo con el médico y firmar los papeles pertinentes, dictaminaron que me dejarían de llevar a radio y quimio…

Me quedé sola en el cuarto, a mi propia petición, necesitaba tiempo para ponerme en paz conmigo misma antes de emprender el último viaje. Entonces oí esa voz.

“ Te mueres, pero yo puedo curarte.” Sonaba lejana y algo distorsionada.

- ¿Quién eres?

“ El único que te puede revivir.”

- ¿Por qué?

“ Me necesitas, y yo a ti.”

- ¿Para qué necesitas a una enferma terminal de cáncer?

“ Tengo una misión que cumplir, una misión importante. Te necesito para cumplirla.”

- ¿Qué misión?

“ Otros como yo, infectados de un mal, han pasado a tu plano entrando en cuerpos de personas como tú, prometiéndoles poder a cambio de hacerles de vehículo para su mal… Yo debo detenerles, soy el único sano que queda, y te necesito.”

- ¿De verdad me necesitas? ¿Por qué no buscas a alguien sano? Alguien que de verdad pueda ayudarte.

“ Sólo tu mente está abierta para mí. Eres la única que me puede ayudar a detenerles. Te necesito.”

Me dijo tantas veces que me necesitaba, que no me pude negar. Si incluso convaleciente podía ayudar a este ser, fuera lo que fuese; a detener a un mal mayor… qué diablos… No tenía nada que perder.

- Te ayudaré.

Sentí un frío sepulcral a mi alrededor, la habitación se volvió oscura como la noche y una especie de apertura espacial apareció ante mí, formando un vórtice primero y luego como un tornado, con el embudo apuntando hacia mí. Algo salió del tornado y entró disparado por mi nariz, estaba frío, tan frío que quemaba, entrando por mi garganta y luego subiendo hasta la cabeza, podía sentirlo detrás de los ojos. De repente todo cesó, la habitación había vuelto a la normalidad. Ya no me dolía nada, podía sentir los pies de nuevo… como si el cáncer hubiera sido solo un mal sueño.

- ¿Sigues ahí?

“ Sí, estoy dentro de tu cabeza. Yo sustituiré la masa dañada.”

- Gracias.

“ No me las des aún. Tenemos que detener a esos otros, y no será ni fácil, ni bonito.”

- Claro. Oye… ¿cómo tengo que llamarte?

“ No serías capaz de pronunciar mi nombre.”

Entonces una especie de masa violácea emergió de mi hombro, con dos pequeños ojitos negros que me miraban atentamente. Me sorprendí y casi asusté al verlo, pero… no sé cómo, supongo que él fue el responsable, no reaccioné contra él.

- Así que así eres…

“ No, pero he tenido que licuarme para entrar en ti, es la única manera en la que puedo sobrevivir en tu plano.”

- Que curioso… ¿Y entonces cómo te llamo?

“ No lo sé, llámame como quieras.”

- ¿Qué tal Murray? Siempre me ha gustado ese nombre, quería llamar así al perro que iba a adoptar… - Me sentía llena de energía de nuevo.

“ Murray entonces.”

Así fue como nos conocimos y cómo empezó todo. El doctor Keeler entró a ver cómo estaba y se maravilló o más bien, se asustó, al verme de pie, vistiéndome con total normalidad.

- Audrey… deberías estar descansando, tu estado…

- Me encuentro bien. Nunca me había sentido mejor, de hecho. Y si me disculpa…

Iba a salir, cuando mis padres entraron.

- Aud, estás de pie… ¿cómo es posible? – Mi padre me miró estupefacto, la expresión de mi madre fue a juego.

- Un milagro, llamémoslo así. ¿Me llevan a casa? – Pasé por delante del espejo del baño… estaba completamente calva por el tratamiento, ni siquiera tenía cejas… parecía la versión humana de Murray. – Tengo que comprarme gorras y pañuelos… parezco una bola de billar. – Me puse la chaqueta y salí, ante las miradas atónitas de mis padres y el personal médico.

El alta en el hospital causó algo de revuelo, nadie se creía que me había curado, pero tuve que volver un par de veces para que me hicieran pruebas y pudieran ver que me encontraba mejor que bien.

No sé cómo, encontré una manera de explicárselo a mis padres sin que se escandalizaran, y ellos aceptaron mi trato con Murray.

“ Necesitaremos información sobre cómo luchar contra ellos.”

- En la librería de mis padres hay miles de libros sobre seres extraños… a lo mejor alguno nos sirve. – Me encogí de hombros.

Y así empezó nuestra búsqueda. Los “primos” de Murray, los que se habían colado en este plano eran trece, cada uno más peligroso que el anterior. Pasamos días y noches enteras estudiando conjuros, amuletos y demás para poder combatirlos, tomé apuntes de muchos libros, al fin pude poner las manos en algunos de los volúmenes, siempre con el mayor cuidado posible.

Después de dos semanas, estábamos preparados, cargué la mochila con algo de ropa, lo necesario para la caza y dinero, y me fui de casa tras abrazar a mis padres una vez más.

El primero estaba en Dakota del Norte. El segundo en Méjico. El tercero en Hawaii.

El cuarto en Brasil. Allí conocí a los agentes de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal, la AIDP, para abreviar. Era un pequeño equipo, formado por un enorme demonio de color rojo y varios hombres y mujeres; al demonio ya le había visto en alguna ocasión por la tele, le llamaban Hellboy, y realmente parecía sacado del mismo infierno, si no fuera porque cuando lo vi por primera vez estaba sentado en un tronco, leyendo un tebeo y fumando un cigarrillo.

- ¿Qué haces aquí? – Me preguntó con una voz muy grave.

- Estoy trabajando, ¿y tú?

- También.

- Cualquiera lo diría…

Él se encogió de hombros con una sonrisita.

- No deberías estar por aquí, estamos cazando a un bicho muy peligroso.

- Pues tan peligroso no debe ser, si estás leyendo un tebeo...

- Es que soy el cebo.

Y tras decir esto, una especie de jaguar verde enorme, con los ojos rojos, desorbitados y soltando espumarajos por la boca, nos saltó encima, a mí me dio un zarpazo, lanzándome contra un árbol, Hellboy gritó algo y empezó a liarse a puñetazos con él, usando la mano de piedra, la derecha. Permanecí quieta en el sitio, mientras el demonio luchaba contra el felino.

“ Audrey, está allí.”

- ¿Dónde? yo no veo a nadie más. – Miré alrededor.

“ Allí, entre los árboles. “ Hizo que mi propia mano lo señalara, lo vi entonces, era un hombre con los ojos completamente verdes, sonriendo como un sádico.

Un agente me ayudó a levantar y comenzó a arrastrarme lejos del peligro, yo le empujé, tenía trabajo que hacer. Saqué la libreta de apuntes.

- El verde, es el que maneja a los animales… eh, espera, entonces es el que maneja a ese gato verde… Si nos cargamos a tu primo, el bicho dejará de atacar al demonio…

“ Pues a ello.”

Repetimos el conjuro de la libreta, copiado letra a letra de uno de los libros de la librería. El hombre salió de la espesura y saltó hacia nosotros, muy cabreado.

“ ¡Sigue recitando!”

Obedecí, incluso cuando el tipo me agarró del cuello y comenzó a estrangularme en el suelo.

Dos agentes trataron de hacerlo soltarme, pero cada vez apretaba más. Ya ni tenía aire para seguir el conjuro, pero si me paraba, tendría que volver a empezar. Alguien le disparó, y gritó como un conjunto de fieras rugiendo. Saltó lejos de nosotros, y se subió a un árbol, un montón de aves y de insectos se precipitaron contra nosotros. Seguí recitando, en lo que los agentes disparaban a los animales poseídos.

Dicté la última palabra del conjuro y surgió el vórtice de nuevo, esta vez hacia dentro, el hombre volvió a gritar, esta vez como un humano y todo paró. Incluido el jaguar, que volvió a su estado normal y echó a correr entre los árboles.

Hellboy reapareció por un lado, tirando los restos de lo que antes había sido una camisa y se tocó los arañazos que le recorrían el pecho.

- ¿Has sido tú quien lo ha devuelto a la normalidad? – Me preguntó.

- “Hemos”. – Corregí, Murray emergió del hombro. – Ya te dije que venía a trabajar. – Sonreí y él me devolvió la sonrisa.

- ¿Han oído hablar alguna vez de la AIDP?

Y así fue como me convertí en una agente externa de la Agencia. Estuve muchas veces en la Agencia, conocí a muchos agentes, a Kate, a Liz, a Abe, a John… todos buena gente. Y conocí también al doctor Manning, era el jefe tras el fallecimiento de un tal Brutterholm, padre adoptivo de HB y que yo nunca llegué a conocer… Tratar con Manning no era divertido, pero él me pagaba los viajes, el material y las estancia; y Murray y yo le librábamos de más personas poseídas. Gracias a él viajamos mucho y muy lejos.

El quinto que se hizo notar estaba en Costa de Marfil. El sexto en Egipto. El séptimo en España. El octavo en Inglaterra y el décimo, el último que habíamos localizado hasta ahora, estaba en Texas. De nuevo a América, casi a casa.

Fuego, este décimo era anaranjado y dominaba el fuego, para mi desgracia, yo no soy ignífuga, y Murray tampoco, nos servimos de un amuleto para contrarrestar las llamaradas, y gracias a eso pudimos encontrar el conjuro y devolverlo al otro plano… las quemaduras dolían y mucho, por suerte, toda las heridas que me hacía desde que Murray estaba en mi cerebro, se regeneraban, así que no me tenía que preocupar por las marcas.

- ¿Por qué no haces que me crezca más rápido el pelo?

“ Tu cuerpo tiene que recuperarse solo de las cosas antes de que yo entrara, y el pelo es una de ellas. Además, ya te han salido las cejas, dentro de poco te saldrá pelo en la cabeza. No te agobies.”

Suspiré, él lo veía tan fácil… Dos semanas más tarde nos avisaron de donde estaba el siguiente… en Conectticut… oh, mira por donde, voy a hacerles una visita a los de la Agencia… Espero que aún se acuerden de mí.

FIN.

Continúa en el juego de rol de Hellboy.