Y tan movido, desde que se despertó, no paró de hacer cosas. Entrenar, estudiar, entrenar más, aprender a dar masajes, a mantener una conversación amena... practicar el no levantarle la voz a quien se muestre rudo... Entre unas cosas y otras se alimentaba. Durante un buen rato la casa paró su actividad, habían caído otros más de los hijos de Vorador. Todos lamentaron las nuevas pérdidas, Vorador parecía cansado, estaba derrotado, ya no se molestaba en hacer a más hijos, tenía claro que todo iba a terminar pronto, todos lo sabían, nadie hablaba de ello, pero el temor al asalto a su refugio se palpaba en el aire.
- Padre...
- Dime, Hael.
- Voy a salir a cazar, se acaban las reservas. Me llevo a Bertram y Koroleva conmigo.
Vorador le puso la mano tras el cuello, manteniéndolo cerca, mirándolo como si fuera la última vez que lo haría.
- Tengan cuidado.
- Tranquilo, lo tendremos, cazaremos a unos pocos y nos vendremos.
Asintió y lo vio alejarse. Le dolió el corazón al oír cerrarse la puerta, sabía que no regresaría. Respiró hondo y levantó la mirada, hacia la cristalera del portador de la HeartSeeker.
- Todo se acaba.
- Amor. - Una de sus esposas lo abrazó por detrás, intentando reconfortarlo.
- Tengo que parar esto. - Hizo soltar a su esposa, con suavidad, acariciando sus manos. ~ Addrae, ven a la entrada. ~
La más joven del clan se acercó extrañada, estaba reentrando tras terminar de encender las velas del mausoleo.
- ¿Me llamabas?
- Sí, ve a la celda y recuerda lo que te dije. - Afuera se oyeron truenos. Se avecinaba una gran tormenta, mayor de lo que pudieran imaginarse y no sólo era por la lluvia y los relámpagos.
La chica asintió, fue a coger su espada y la capa, ató un garfio con una cuerda a su cinturón y miró el fuego crepitar en una chimenea. Volvió donde estaba su padre, pero sólo su madre estaba en el lugar.
- ¿Y padre?
- Ha ido a la fortaleza de Malek...
- Madre...
- Ve antes de que empiece a llover o no podrás salir. - La abrazó.
Casi se echó a llorar, algo malo iba a pasar, algo realmente malo... podía sentirlo. Salió por el patio trasero y corrió hacia el mausoleo. En la celda había un cautivo, dejado allí por su padre probablemente para que se alimentara de él durante ese día completo que pasaría encerrada. Cerró la pesada puerta con un mecanismo que resultó estar escondido entre otros ladrillos fijos y se sentó al fondo, abrazándose a sus rodillas. De nuevo iba a perder a su familia, a todos. Le entraron de nuevo ganas de llorar, pero se aguantó, debía resistir mucho tiempo allí dentro, y si perdía sangre, no llegaría ni a salir.
Los hijos y esposas de Vorador también tenían una misión. Defender su hogar a capa y espada, literalmente. Tanto ellas como ellos se prepararon, salieron al bosque para ser la primera línea de ataque. Nadie debía encontrar los secretos que allí se ocultaban.
Los hombres de Moebius, apostados en los alrededores de la mansión ya habían matado a la última partida de caza. Uno de ellos apartó el cadáver de un vampiro de pelo negro, había dado mucha guerra para matarlo, pero con las magas de su parte, lograron terminar con su no-vida.
- Moebius tenía razón, no nos hemos ni movido de aquí, estos chupasangres salen solitos a nuestro encuentro. - Una mujer con una lanza pateó el cuerpo de otro de los caídos.
- Aquí vienen, preparados. - Dijo uno de los que se escondían sobre los árboles.
Y así empezó la batalla, pero los vampiros, de un tiempo a esta parte, eran muchísimos menos tras perder a tantos escalonadamente. No tenían nada que hacer contra los entrenados cazadores, pronto hubieron caído todos.
Unas horas más tarde llegó Vorador a la mansión, estaba empezando a llover y se refugió dentro, no era cuestión de acabar su larga vida de una manera tan estúpida; y mucho menos tras haber luchado contra Malek, el corrupto guardián del conflicto; y haberle vencido. La casa estaba inusualmente silenciosa.
~ Derryth, Osrick, Thirkell. ~ Susurró, esperando que alguien le contestase. ~ ¿Rhoda? ~ Llamó a la última que había visto de sus esposas. Nadie respondió. Todos... los había perdido a todos. ~ Addrae.~
~ Padre. ~
Ella seguía viva, lo que tenía que ser.
~ Sigue donde estás, el plan aún debe seguir. No salgas oigas lo que oigas, hija mía. ~
La oyó asentir con tristeza. Pero no era lo único que escuchó, una explosión en la entrada. Ya estaban aquí. Cogió su espada y fue hacia el mausoleo, si moría prefería hacerlo cerca de su padre.
Esperó con paciencia en uno de los tronos, estaba cansado, cansado físicamente y anímicamente, la era los vampiros parecía que llegaba a su fin. Pero sabía que pronto sería la época de Kain, él acabaría con todo este problema de los cazadores y los Sarafan, restauraría el equilibrio y todo volvería a estar bien, como cuando los guardianes eran felices.
La puerta de la cripta se abrió, allí estaba Raziel, le esperaba, al menos había llegado antes que los cazadores. Seguía igual que le recordaba, ajado, azul y con esa mirada inquisitiva y brillante, de nuevo buscaba respuestas, como si lo viera.
- Así que... nuestro pequeño y desgraciado salvador ha vuelto... ¿Vienes a unirte a la última y patética batalla de los vampiros? Pero lo que me pregunto es... ¿con qué bando?
- No vengo a pelear contigo, Vorador. - Se acercó más, pero su movimiento fue cortado por la espada del vampiro sentado, apuntó con ella el pecho del espectro, demostrando que aún era un gran espadachín.
- No tienes ni idea de porqué estás aquí.
- Sólo sé una cosa, tú escribiste mi destino, y como tal eres el único que puede corregirlo.
Vorador se rió.
- Me tienes en demasiada estima.
- Tú forjaste la Reaver.
- Yo la hice, sí. - Lo miró con sospecha, ¿a dónde quería llegar?
- Entonces sabes qué propósito tenía.
- No. Sólo unos pedazos de la profecía, que mi señor quiso compartir conmigo.
- ¿Y entre esos pedazos, se explicaba por qué la espada iba a ser la prisión de tu salvador?
El vampiro se levantó.
- Ah, bueno... según parece ambos tenemos nuestra respuesta. Has elegido tu camino.
Raziel pareció enfadarse ante tal apreciación.
- Yo no he elegido nada. Me han ido encaminando en cada dirección.
Vorador lo miró pensativo, sin comentar nada.
- Tú pareces saber qué soy. Dímelo.
- Creía haberlo hecho, una vez. Pero todas las profecías han fallado por ahora.
Addrae, desde dentro de la celda se acercó a la puerta cuando empezó a oírles hablar, interesada en la conversación. ¿Quién era ese con el que hablaba su padre?
- Los pilares están corruptos... Soy el último de mi especie. - Nadie debía saber que su hija estaba allí escondida. - Y cuando los cazadores de Moebius me encuentren, todo habrá sido en vano.
La vampiresa le escuchó, tan derrotado. ¿Estaba finjiendo?
- Te olvidas de Kain. - Dijo Raziel.
- Ah, sí, Kain. - Se lo pensó. - Me temo que tiene demasiado peso sobre sus hombros, más del que él cree. - Miró al espectro de nuevo. - No puedo ayudarte, ni siquiera si tuviera intención de hacerlo. Yo forjé la hoja de la Reaver, pero sólo a petición de mi señor, Janos Audron. Qué magia hicieron él y los otros sobre la espada, no sabría decirlo.
- Janos trató de darme la Reaver antes de morir. - Bajó la cabeza, el recuerdo parecía dolerle. - Dijo que había sido forjada para mí... ¿Pero qué quería decir? ¿Era mi arma o mi prisión?
- Tal vez deberías preguntárselo tú mismo.
- ¿¡Janos está aquí?! - Exclamó, asombrado.
- Es una manera de verlo. - Vorador hizo mover otra vez los paneles que llevaban a la cripta de su hacedor.
Entonces Addrae dejó de oírles, de nuevo el silencio y los truenos que se oían de vez en cuando fueron su única compañía. Se sentó donde estaba antes, meditando la nueva información. La reaver se supone que había sido hecha para el héroe de los vampiros... ¿Era ese con el que estaba hablando su padre? No podía ser Kain, ¿quién era entonces? Apoyó la frente en los brazos, esperando a que pasara el tiempo para salir hacia el pantano.
Vorador y Raziel siguieron hablando y el vampiro le hizo encaminarse hacia Avernus, cuando el espectro partió desde la puerta trasera, alojada en la biblioteca, los hombres de Moebius irrumpieron en la sala, no encontrando a Raziel por pocos momentos.
- Ya te tenemos, monstruo. - Dijeron rodeándole. Él no dio muestras de temor, desenvainó y luchó con bravura contra aquellos brutos. Nadie mataba a su familia, irrumpía y destrozaba en su casa si que él tuviera algo que decirle al respecto.
Después de un rato lograron reducirlo, dos de los grandes lo sujetaron, Moebius se acercó a él. Con su horrible sonrisa socarrona, miraba al derrotado lord vampiro, ahora a su merced.
- El gran Vorador, al fin se acabó tu reinado.
- Donde acaba uno, otro empieza, guardián.
- No si todo sale como tengo calculado.
- Yo de ti no haría apuestas, Moebius, las cosas no suelen salir como uno las planea.
- A mí, sí, vampiro. Nosgoth volverá a pertenercer a los humanos, los vampiros ya no serán nuestros amos nunca más.
- Nunca lo hemos sido, despreciable ingrato. Los vampiros antiguos os educaron, y tú y Mortanius se lo pagaron con traición.
- Nos secuestraron de nuestras casas para ser esclavos a su causa perdida.
- Perdida por vuestra culpa. - Lo miró desafiante, estaba demasiado cansado para seguir peleando y ya no importaba.
- "Gracias a nosotros", querrás decir. - Sonrió más abiertamente. - Llévenselo. - Lo arrastraron con dificultades, uno de los grandotes que lo cargaban tropezó con los cadáveres de sus compañeros, caídos a manos del vampiro.
*
Abajo, en la celda, lo único que oyó Addrae, aparte de la tormenta, eran unas voces, no las reconocía pero lograba entender algunas cosas que decían.
- Aquí no hay nada, sigamos buscando.
- Con lo que nos ha costado llegar hasta esta zona... Maldito vampiro orejudo.
La vampiresa sintió ganas de salir y arrancarles la cabeza por atreverse a decir algo así de su padre, pero se aguantó.
- Por suerte, con él se acabarán todos esos bichos.
- "Por suerte" tal vez... pero nos quedaremos sin trabajo.
- Siempre podemos ser Sarafan. - Los dos se rieron y se les dejó de oír, se alejaban.
Su padre iba a morir y ella no podía hacer nada por evitarlo, tenía que cumplir su misión, lo había prometido.
Pasó allí muchas horas, apuró a su víctima el mayor tiempo posible, y al fin calculó que podía salir. Tocó el ladrillo que abría la puerta y se asomó cautelosamente. Para su horror todo parecía diferente, era oscuro y lúgubre, mucho más que antes. Y no podía ver los pilares en la distancia, como siempre. ¿Habían caído? No podía creer que algo así fuera posible. ¿Cómo ayudaría a Kain en el futuro con su labor si los pilares ya no estaban? ¿No era más lógico ayudarlo en el pasado? Suspiró, no discutiría la orden de su padre, él sabía más que ella. Iría a ver el cuerpo de Janos antes de irse. Cuando bajó encontró la habitación a oscuras y el cuerpo del anciano alado ya no estaba. Se lo habían llevado, a saber qué harían con él, seguro que lo exhibirían en una pica en la fortaleza Sarafan... esos cerdos. Tocó la superficie donde había estado el padre de los vampiros y subió corriendo, tenía una misión que cumplir.
Recorrió el bosque a buen ritmo y se acercó al pantano bajando la velocidad, tendría que alimentarse antes de entrar, por si acaso llegaba a enfrentarse con gente cuando entrara. Esperó escondida tras unos árboles, un cazador estaba algo separado de su grupo, aprovecharía, desenvainó la espada corta que le había regalado su padre y en completo silencio se colocó detrás de él y con un suave movimiento le rebanó el cuello y empezó a beberse su sangre, tirando de él hasta la espesura, donde no le oyeran los demás. Quedó saciada al poco, tiró el cuerpo por ahí y siguió su camino. Saltó de piedra en piedra, escondiéndose en las sombras, por suerte era lo bastante silenciosa para que no se percataran de su presencia. Además, que fuera vestida de cazadora y fuera calva como ellas, ayudaba a que no le prestaran atención al pasar. Llegó a la zona donde estaba la máquina del tiempo, lanzó el garfio y cuando se aseguró que estaba bien enganchado, subió.
- ¡Eh, tú! - Oyó que alguien exclamaba desde abajo. - ¡Un vampiro! - Era un Sarafan, con una espada enorme y con cara de malas pulgas. Su grito alertó a otros que estaban por la zona y fueron a intentar bajarla, por suerte ninguno llevaba nada arrojadizo, y no llevaban hechiceras con ellos en ese momento.
Terminó de trepar, les hizo un corte de mangas desde arriba y entró en la máquina. Dosmil quinientos años en el futuro estarían más que muertos. Tiró de las palancas y la clepsidra se movió, inclinándose, entonces fue como si también algo tirara de ella, desde dentro.
... Continuará
- Padre...
- Dime, Hael.
- Voy a salir a cazar, se acaban las reservas. Me llevo a Bertram y Koroleva conmigo.
Vorador le puso la mano tras el cuello, manteniéndolo cerca, mirándolo como si fuera la última vez que lo haría.
- Tengan cuidado.
- Tranquilo, lo tendremos, cazaremos a unos pocos y nos vendremos.
Asintió y lo vio alejarse. Le dolió el corazón al oír cerrarse la puerta, sabía que no regresaría. Respiró hondo y levantó la mirada, hacia la cristalera del portador de la HeartSeeker.
- Todo se acaba.
- Amor. - Una de sus esposas lo abrazó por detrás, intentando reconfortarlo.
- Tengo que parar esto. - Hizo soltar a su esposa, con suavidad, acariciando sus manos. ~ Addrae, ven a la entrada. ~
La más joven del clan se acercó extrañada, estaba reentrando tras terminar de encender las velas del mausoleo.
- ¿Me llamabas?
- Sí, ve a la celda y recuerda lo que te dije. - Afuera se oyeron truenos. Se avecinaba una gran tormenta, mayor de lo que pudieran imaginarse y no sólo era por la lluvia y los relámpagos.
La chica asintió, fue a coger su espada y la capa, ató un garfio con una cuerda a su cinturón y miró el fuego crepitar en una chimenea. Volvió donde estaba su padre, pero sólo su madre estaba en el lugar.
- ¿Y padre?
- Ha ido a la fortaleza de Malek...
- Madre...
- Ve antes de que empiece a llover o no podrás salir. - La abrazó.
Casi se echó a llorar, algo malo iba a pasar, algo realmente malo... podía sentirlo. Salió por el patio trasero y corrió hacia el mausoleo. En la celda había un cautivo, dejado allí por su padre probablemente para que se alimentara de él durante ese día completo que pasaría encerrada. Cerró la pesada puerta con un mecanismo que resultó estar escondido entre otros ladrillos fijos y se sentó al fondo, abrazándose a sus rodillas. De nuevo iba a perder a su familia, a todos. Le entraron de nuevo ganas de llorar, pero se aguantó, debía resistir mucho tiempo allí dentro, y si perdía sangre, no llegaría ni a salir.
Los hijos y esposas de Vorador también tenían una misión. Defender su hogar a capa y espada, literalmente. Tanto ellas como ellos se prepararon, salieron al bosque para ser la primera línea de ataque. Nadie debía encontrar los secretos que allí se ocultaban.
Los hombres de Moebius, apostados en los alrededores de la mansión ya habían matado a la última partida de caza. Uno de ellos apartó el cadáver de un vampiro de pelo negro, había dado mucha guerra para matarlo, pero con las magas de su parte, lograron terminar con su no-vida.
- Moebius tenía razón, no nos hemos ni movido de aquí, estos chupasangres salen solitos a nuestro encuentro. - Una mujer con una lanza pateó el cuerpo de otro de los caídos.
- Aquí vienen, preparados. - Dijo uno de los que se escondían sobre los árboles.
Y así empezó la batalla, pero los vampiros, de un tiempo a esta parte, eran muchísimos menos tras perder a tantos escalonadamente. No tenían nada que hacer contra los entrenados cazadores, pronto hubieron caído todos.
Unas horas más tarde llegó Vorador a la mansión, estaba empezando a llover y se refugió dentro, no era cuestión de acabar su larga vida de una manera tan estúpida; y mucho menos tras haber luchado contra Malek, el corrupto guardián del conflicto; y haberle vencido. La casa estaba inusualmente silenciosa.
~ Derryth, Osrick, Thirkell. ~ Susurró, esperando que alguien le contestase. ~ ¿Rhoda? ~ Llamó a la última que había visto de sus esposas. Nadie respondió. Todos... los había perdido a todos. ~ Addrae.~
~ Padre. ~
Ella seguía viva, lo que tenía que ser.
~ Sigue donde estás, el plan aún debe seguir. No salgas oigas lo que oigas, hija mía. ~
La oyó asentir con tristeza. Pero no era lo único que escuchó, una explosión en la entrada. Ya estaban aquí. Cogió su espada y fue hacia el mausoleo, si moría prefería hacerlo cerca de su padre.
Esperó con paciencia en uno de los tronos, estaba cansado, cansado físicamente y anímicamente, la era los vampiros parecía que llegaba a su fin. Pero sabía que pronto sería la época de Kain, él acabaría con todo este problema de los cazadores y los Sarafan, restauraría el equilibrio y todo volvería a estar bien, como cuando los guardianes eran felices.
La puerta de la cripta se abrió, allí estaba Raziel, le esperaba, al menos había llegado antes que los cazadores. Seguía igual que le recordaba, ajado, azul y con esa mirada inquisitiva y brillante, de nuevo buscaba respuestas, como si lo viera.
- Así que... nuestro pequeño y desgraciado salvador ha vuelto... ¿Vienes a unirte a la última y patética batalla de los vampiros? Pero lo que me pregunto es... ¿con qué bando?
- No vengo a pelear contigo, Vorador. - Se acercó más, pero su movimiento fue cortado por la espada del vampiro sentado, apuntó con ella el pecho del espectro, demostrando que aún era un gran espadachín.
- No tienes ni idea de porqué estás aquí.
- Sólo sé una cosa, tú escribiste mi destino, y como tal eres el único que puede corregirlo.
Vorador se rió.
- Me tienes en demasiada estima.
- Tú forjaste la Reaver.
- Yo la hice, sí. - Lo miró con sospecha, ¿a dónde quería llegar?
- Entonces sabes qué propósito tenía.
- No. Sólo unos pedazos de la profecía, que mi señor quiso compartir conmigo.
- ¿Y entre esos pedazos, se explicaba por qué la espada iba a ser la prisión de tu salvador?
El vampiro se levantó.
- Ah, bueno... según parece ambos tenemos nuestra respuesta. Has elegido tu camino.
Raziel pareció enfadarse ante tal apreciación.
- Yo no he elegido nada. Me han ido encaminando en cada dirección.
Vorador lo miró pensativo, sin comentar nada.
- Tú pareces saber qué soy. Dímelo.
- Creía haberlo hecho, una vez. Pero todas las profecías han fallado por ahora.
Addrae, desde dentro de la celda se acercó a la puerta cuando empezó a oírles hablar, interesada en la conversación. ¿Quién era ese con el que hablaba su padre?
- Los pilares están corruptos... Soy el último de mi especie. - Nadie debía saber que su hija estaba allí escondida. - Y cuando los cazadores de Moebius me encuentren, todo habrá sido en vano.
La vampiresa le escuchó, tan derrotado. ¿Estaba finjiendo?
- Te olvidas de Kain. - Dijo Raziel.
- Ah, sí, Kain. - Se lo pensó. - Me temo que tiene demasiado peso sobre sus hombros, más del que él cree. - Miró al espectro de nuevo. - No puedo ayudarte, ni siquiera si tuviera intención de hacerlo. Yo forjé la hoja de la Reaver, pero sólo a petición de mi señor, Janos Audron. Qué magia hicieron él y los otros sobre la espada, no sabría decirlo.
- Janos trató de darme la Reaver antes de morir. - Bajó la cabeza, el recuerdo parecía dolerle. - Dijo que había sido forjada para mí... ¿Pero qué quería decir? ¿Era mi arma o mi prisión?
- Tal vez deberías preguntárselo tú mismo.
- ¿¡Janos está aquí?! - Exclamó, asombrado.
- Es una manera de verlo. - Vorador hizo mover otra vez los paneles que llevaban a la cripta de su hacedor.
Entonces Addrae dejó de oírles, de nuevo el silencio y los truenos que se oían de vez en cuando fueron su única compañía. Se sentó donde estaba antes, meditando la nueva información. La reaver se supone que había sido hecha para el héroe de los vampiros... ¿Era ese con el que estaba hablando su padre? No podía ser Kain, ¿quién era entonces? Apoyó la frente en los brazos, esperando a que pasara el tiempo para salir hacia el pantano.
Vorador y Raziel siguieron hablando y el vampiro le hizo encaminarse hacia Avernus, cuando el espectro partió desde la puerta trasera, alojada en la biblioteca, los hombres de Moebius irrumpieron en la sala, no encontrando a Raziel por pocos momentos.
- Ya te tenemos, monstruo. - Dijeron rodeándole. Él no dio muestras de temor, desenvainó y luchó con bravura contra aquellos brutos. Nadie mataba a su familia, irrumpía y destrozaba en su casa si que él tuviera algo que decirle al respecto.
Después de un rato lograron reducirlo, dos de los grandes lo sujetaron, Moebius se acercó a él. Con su horrible sonrisa socarrona, miraba al derrotado lord vampiro, ahora a su merced.
- El gran Vorador, al fin se acabó tu reinado.
- Donde acaba uno, otro empieza, guardián.
- No si todo sale como tengo calculado.
- Yo de ti no haría apuestas, Moebius, las cosas no suelen salir como uno las planea.
- A mí, sí, vampiro. Nosgoth volverá a pertenercer a los humanos, los vampiros ya no serán nuestros amos nunca más.
- Nunca lo hemos sido, despreciable ingrato. Los vampiros antiguos os educaron, y tú y Mortanius se lo pagaron con traición.
- Nos secuestraron de nuestras casas para ser esclavos a su causa perdida.
- Perdida por vuestra culpa. - Lo miró desafiante, estaba demasiado cansado para seguir peleando y ya no importaba.
- "Gracias a nosotros", querrás decir. - Sonrió más abiertamente. - Llévenselo. - Lo arrastraron con dificultades, uno de los grandotes que lo cargaban tropezó con los cadáveres de sus compañeros, caídos a manos del vampiro.
*
Abajo, en la celda, lo único que oyó Addrae, aparte de la tormenta, eran unas voces, no las reconocía pero lograba entender algunas cosas que decían.
- Aquí no hay nada, sigamos buscando.
- Con lo que nos ha costado llegar hasta esta zona... Maldito vampiro orejudo.
La vampiresa sintió ganas de salir y arrancarles la cabeza por atreverse a decir algo así de su padre, pero se aguantó.
- Por suerte, con él se acabarán todos esos bichos.
- "Por suerte" tal vez... pero nos quedaremos sin trabajo.
- Siempre podemos ser Sarafan. - Los dos se rieron y se les dejó de oír, se alejaban.
Su padre iba a morir y ella no podía hacer nada por evitarlo, tenía que cumplir su misión, lo había prometido.
Pasó allí muchas horas, apuró a su víctima el mayor tiempo posible, y al fin calculó que podía salir. Tocó el ladrillo que abría la puerta y se asomó cautelosamente. Para su horror todo parecía diferente, era oscuro y lúgubre, mucho más que antes. Y no podía ver los pilares en la distancia, como siempre. ¿Habían caído? No podía creer que algo así fuera posible. ¿Cómo ayudaría a Kain en el futuro con su labor si los pilares ya no estaban? ¿No era más lógico ayudarlo en el pasado? Suspiró, no discutiría la orden de su padre, él sabía más que ella. Iría a ver el cuerpo de Janos antes de irse. Cuando bajó encontró la habitación a oscuras y el cuerpo del anciano alado ya no estaba. Se lo habían llevado, a saber qué harían con él, seguro que lo exhibirían en una pica en la fortaleza Sarafan... esos cerdos. Tocó la superficie donde había estado el padre de los vampiros y subió corriendo, tenía una misión que cumplir.
Recorrió el bosque a buen ritmo y se acercó al pantano bajando la velocidad, tendría que alimentarse antes de entrar, por si acaso llegaba a enfrentarse con gente cuando entrara. Esperó escondida tras unos árboles, un cazador estaba algo separado de su grupo, aprovecharía, desenvainó la espada corta que le había regalado su padre y en completo silencio se colocó detrás de él y con un suave movimiento le rebanó el cuello y empezó a beberse su sangre, tirando de él hasta la espesura, donde no le oyeran los demás. Quedó saciada al poco, tiró el cuerpo por ahí y siguió su camino. Saltó de piedra en piedra, escondiéndose en las sombras, por suerte era lo bastante silenciosa para que no se percataran de su presencia. Además, que fuera vestida de cazadora y fuera calva como ellas, ayudaba a que no le prestaran atención al pasar. Llegó a la zona donde estaba la máquina del tiempo, lanzó el garfio y cuando se aseguró que estaba bien enganchado, subió.
- ¡Eh, tú! - Oyó que alguien exclamaba desde abajo. - ¡Un vampiro! - Era un Sarafan, con una espada enorme y con cara de malas pulgas. Su grito alertó a otros que estaban por la zona y fueron a intentar bajarla, por suerte ninguno llevaba nada arrojadizo, y no llevaban hechiceras con ellos en ese momento.
Terminó de trepar, les hizo un corte de mangas desde arriba y entró en la máquina. Dosmil quinientos años en el futuro estarían más que muertos. Tiró de las palancas y la clepsidra se movió, inclinándose, entonces fue como si también algo tirara de ella, desde dentro.
... Continuará
2 comentarios:
Addrae es realmente muy valiente y fiel a su palabra. Adoro como está todo descrito, el sentimiento es hasta palpable, dan ganas de llorar por las lágrimas que no se puede permitir derramar ella ^^
Como le he dicho a Zanthia, esta parte tiene un punto de angustia que me ha dejado con mal cuerpo. Por la espera y por la escena en la que oye hablar a Vorador con raziel, peor sin saber quien es el 2º. Esa parte es mi favorita. bueno, y el corte de mangas a los sarafan.
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